La ley de la Abstracción es
una condición lógica y necesaria para la realización de conceptos que se
contienen a la realidad y que son percibidas por el observador (la persona).
Muchas de nuestras ideas
respecto a los fenómenos (llámese fenómeno a todo lo que es fuera de mí), están
interrelacionadas mediante conexiones lógicas. Estas formas lógicas se conocen
como implicaciones.
Las implicaciones lógicas en
nuestra vida real permiten el razonamiento inductivo y deductivo, es decir, ir
desde conceptos particulares a ideas más generales y viceversa.
La ley de la abstracción
considera dos dimensiones. La primera es la dimensión estructural, en donde se generan
los conceptos a priori (ideas inmediatas) de los fenómenos percibidos. La
segunda dimensión es la dimensión epistemológica, en donde se generan los
fundamentos de la realización de percepciones y la forma en cómo son descritas
por nosotros, los enfermeros.
DIMENSIÓN
ESTRUCTURAL DE LA LEY DE ABSTRACCIÓN
Primera Fase: Síntesis
En la
fase de síntesis, se vierten todos los conceptos a priori (inmediatos) que se
dan durante la interrelación enfermero – paciente en el momento del cuidado. En
esta fase, se desarrollan y manifiestan las actitudes, aptitudes, habilidades y
destrezas de la enfermera para observar, explorar, investigar, entrevistar e
interrelacionarse con el paciente y sus familiares, así como con el equipo de
salud. Todo lo que es percibido por la enfermera, y que corresponda a una
acción o pensamiento inmediato sin perder la coherencia ni la razón respecto al
fenómeno, es considerado síntesis de enfermería. Mediante la síntesis se
identifica entonces:
·
El problema de salud general
del paciente.
·
Las respuestas mismas de la
persona.
·
Sus necesidades e
inquietudes.
·
Sus requerimientos.
·
Los signos y síntomas dentro
del historial médico.
Segunda Fase: Consecuencia
En esta
fase se establecen las relaciones de consecuencia o de efecto a partir de las
causas percibidas a priori durante el momento del cuidado. A diferencia de lo
convencional, la enfermera es la única que razona todas las causalidades y sus
consecuencias, sin embargo, no lo puede hacer sin antes no compartir esas
experiencias percibidas a través de su fuente principal: la persona cuidada.
Establecer consecuencias demanda que estos conceptos sean realizados a
posteriori, es decir, bajo un razonamiento inferencial que sea coherente,
lógico, adecuado y preciso. Estas condiciones o características del
razonamiento inferencial que la enfermera empleará durante el cuidado permiten
formular los momentos estratégicos que la enfermera interpretará como
planificación de los cuidados (intervenciones y actividades de enfermería). Las
consecuencias de un fenómeno, entonces, están en función de las probabilidades
percibidas y singulares de la fuente de donde emana el fenómeno. Esta fase
sigue el constructo: A toda acción, le pertenece una reacción. Sin embargo,
dejando de lado la ley de Newton, mencionamos que esas reacciones no son
lineales, sino que al contrario, son totalmente complejas, pero tienen una
relación única: la causa o etiología. La enfermera, a través de su percepción
puede y tiene la capacidad de percibir o ubicarse en cualquiera de los efectos
más precisos que ella considere según su razonamiento y juicio crítico.
Por
ejemplo:
Causa: Traumatismo
Efecto: Dolor, desesperación,
hemorragia, hematoma, temor a la muerte, afrontamiento ineficaz, afrontamiento
familiar, pérdida del rol, déficit económico, etc.
Si
vemos, aunque todas las causas pueden tener una relación directa con los
efectos, no sucede al contrario. Es decir: Una causa conlleva a muchos efectos,
pero uno de esos efectos no puede ser ocasionado dos veces por la misma causa.
A esto se le conoce como complejidad. (Léase Introducción a la Complejidad de
Edgar Morín).
Lo
mencionado anteriormente es para recalcar que, cuando la enfermera identifica
una causa, y así un efecto a partir de ella, no tiene porque regresar a
encontrar la misma causa para el mismo efecto una y otra vez. El razonamiento
ideal sería:
Traumatismo que causa Dolor.
Dolor que conlleva a angustia.
Angustia que provoca desesperación.
Desesperación que causa irritabilidad.
Irritabilidad que causa aislamiento.
Aislamiento que causa depresión.
Si
observamos, sólo he tomado un hilo de una red de telaraña grande para los
posibles efectos o consecuencias de una causa común: TRAUMATISMO.
Quiero
dejar en claro, nuevamente, que ninguna de las relaciones de causa y efecto
tienen que ser lineales necesariamente; lo que sucede es que la mente humana es
tan reducida que nuestros juicios a priori en cuanto percibimos el fenómeno,
tienden a verticalizar o hacer unidireccional nuestros razonamientos respecto a
los efectos que el fenómeno permite percibir.
Tercera Fase: Semejanza
La fase
de semejanza me permite comparar con los parámetros tradicionales establecidos
por las autoras en enfermería, de tal manera que no salgamos de lo “normal” o
de lo “convencional”, o en fin, de lo normativizado. Cuando establecemos una
relación de causa y efecto, lo que hacemos es conceptualizar el fenómeno, ese
concepto es una premisa que me permite identificar la potenciación o
desequilibrio de los rangos o leyes establecidas en enfermería, así como los
patrones funcionales, las necesidades de salud, los dominios NANDA, etc.
Considero inútil realizar extensas entrevistas escritas durante la valoración,
cuando se le puede enseñar al alumno o al enfermero diversas técnicas o
estrategias de relación interpersonales y de recogida de datos (exámenes
físicos semiológicos, entrevistas terapéuticas amenas, interpretación de la
historia clínica y datos de laboratorio, etc.).
Por
ejemplo:
Causa: Traumatismo
Efecto: Inmovilidad
Semejanza: Patrón Actividad/Ejercicio,
Dominio Actividad/Reposo.
Entonces,
para comparar, necesitamos observar siempre la consecuencia (efecto) del
fenómeno.
Atte. Joshuan Barboza Meca
Atte. Joshuan Barboza Meca
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