martes, 1 de abril de 2014

LEY DE LA ABSTRACCIÓN: RELACIÓN CON LA VALORACIÓN DE ENFERMERÍA

La ley de la Abstracción es una condición lógica y necesaria para la realización de conceptos que se contienen a la realidad y que son percibidas por el observador (la persona).
Muchas de nuestras ideas respecto a los fenómenos (llámese fenómeno a todo lo que es fuera de mí), están interrelacionadas mediante conexiones lógicas. Estas formas lógicas se conocen como implicaciones.
Las implicaciones lógicas en nuestra vida real permiten el razonamiento inductivo y deductivo, es decir, ir desde conceptos particulares a ideas más generales y viceversa.
La ley de la abstracción considera dos dimensiones. La primera es la dimensión estructural, en donde se generan los conceptos a priori (ideas inmediatas) de los fenómenos percibidos. La segunda dimensión es la dimensión epistemológica, en donde se generan los fundamentos de la realización de percepciones y la forma en cómo son descritas por nosotros, los enfermeros.



DIMENSIÓN ESTRUCTURAL DE LA LEY DE ABSTRACCIÓN
Primera Fase: Síntesis
En la fase de síntesis, se vierten todos los conceptos a priori (inmediatos) que se dan durante la interrelación enfermero – paciente en el momento del cuidado. En esta fase, se desarrollan y manifiestan las actitudes, aptitudes, habilidades y destrezas de la enfermera para observar, explorar, investigar, entrevistar e interrelacionarse con el paciente y sus familiares, así como con el equipo de salud. Todo lo que es percibido por la enfermera, y que corresponda a una acción o pensamiento inmediato sin perder la coherencia ni la razón respecto al fenómeno, es considerado síntesis de enfermería. Mediante la síntesis se identifica entonces:
·      El problema de salud general del paciente.
·      Las respuestas mismas de la persona.
·      Sus necesidades e inquietudes.
·      Sus requerimientos.
·      Los signos y síntomas dentro del historial médico.


Segunda Fase: Consecuencia
En esta fase se establecen las relaciones de consecuencia o de efecto a partir de las causas percibidas a priori durante el momento del cuidado. A diferencia de lo convencional, la enfermera es la única que razona todas las causalidades y sus consecuencias, sin embargo, no lo puede hacer sin antes no compartir esas experiencias percibidas a través de su fuente principal: la persona cuidada. Establecer consecuencias demanda que estos conceptos sean realizados a posteriori, es decir, bajo un razonamiento inferencial que sea coherente, lógico, adecuado y preciso. Estas condiciones o características del razonamiento inferencial que la enfermera empleará durante el cuidado permiten formular los momentos estratégicos que la enfermera interpretará como planificación de los cuidados (intervenciones y actividades de enfermería). Las consecuencias de un fenómeno, entonces, están en función de las probabilidades percibidas y singulares de la fuente de donde emana el fenómeno. Esta fase sigue el constructo: A toda acción, le pertenece una reacción. Sin embargo, dejando de lado la ley de Newton, mencionamos que esas reacciones no son lineales, sino que al contrario, son totalmente complejas, pero tienen una relación única: la causa o etiología. La enfermera, a través de su percepción puede y tiene la capacidad de percibir o ubicarse en cualquiera de los efectos más precisos que ella considere según su razonamiento y juicio crítico.

Por ejemplo:
Causa: Traumatismo
Efecto: Dolor, desesperación, hemorragia, hematoma, temor a la muerte, afrontamiento ineficaz, afrontamiento familiar, pérdida del rol, déficit económico, etc.
Si vemos, aunque todas las causas pueden tener una relación directa con los efectos, no sucede al contrario. Es decir: Una causa conlleva a muchos efectos, pero uno de esos efectos no puede ser ocasionado dos veces por la misma causa. A esto se le conoce como complejidad. (Léase Introducción a la Complejidad de Edgar Morín).
Lo mencionado anteriormente es para recalcar que, cuando la enfermera identifica una causa, y así un efecto a partir de ella, no tiene porque regresar a encontrar la misma causa para el mismo efecto una y otra vez. El razonamiento ideal sería:
Traumatismo que causa Dolor.
Dolor que conlleva a angustia.
Angustia que provoca desesperación.
Desesperación que causa irritabilidad.
Irritabilidad que causa aislamiento.
Aislamiento que causa depresión.

Si observamos, sólo he tomado un hilo de una red de telaraña grande para los posibles efectos o consecuencias de una causa común: TRAUMATISMO.
Quiero dejar en claro, nuevamente, que ninguna de las relaciones de causa y efecto tienen que ser lineales necesariamente; lo que sucede es que la mente humana es tan reducida que nuestros juicios a priori en cuanto percibimos el fenómeno, tienden a verticalizar o hacer unidireccional nuestros razonamientos respecto a los efectos que el fenómeno permite percibir.

Tercera Fase: Semejanza
La fase de semejanza me permite comparar con los parámetros tradicionales establecidos por las autoras en enfermería, de tal manera que no salgamos de lo “normal” o de lo “convencional”, o en fin, de lo normativizado. Cuando establecemos una relación de causa y efecto, lo que hacemos es conceptualizar el fenómeno, ese concepto es una premisa que me permite identificar la potenciación o desequilibrio de los rangos o leyes establecidas en enfermería, así como los patrones funcionales, las necesidades de salud, los dominios NANDA, etc. Considero inútil realizar extensas entrevistas escritas durante la valoración, cuando se le puede enseñar al alumno o al enfermero diversas técnicas o estrategias de relación interpersonales y de recogida de datos (exámenes físicos semiológicos, entrevistas terapéuticas amenas, interpretación de la historia clínica y datos de laboratorio, etc.).

Por ejemplo:
Causa: Traumatismo
Efecto: Inmovilidad
Semejanza: Patrón Actividad/Ejercicio, Dominio Actividad/Reposo.

Entonces, para comparar, necesitamos observar siempre la consecuencia (efecto) del fenómeno.

Atte. Joshuan Barboza Meca

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